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En la postguerra española, el Gobierno de Franco impulsó la construcción de grandes obras hidráulicas.
Aquellas gigantescas obras, situadas buena parte de ellas en el Pirineo catalán y aragonés, inundaron pueblos y zonas cultivables, desplazaron forzosamente a la población autóctona y generaron una gran emigración de trabajadores desde el Sur, en condiciones de dureza extrema.
El número de accidentes fue muy alto y permaneció oculto por la rígida censura informativa. Aquí se desvela el trato severo dispensado por los responsables de las obras estuvo salpicado por brotes de autoritarismo extremo dada la existencia de antiguos oficiales del nazismo entre los responsables.
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